Las recientes elecciones presidenciales portuguesas, cuya primera vuelta acaba de celebrarse el pasado domingo (la segunda tendrá lugar el próximo 8 de febrero), proporcionan una serie de datos de interés, a los que no está de más dedicarles algo de atención. No solo por razones de vecindad geográfica sino también, y sobre todo, porque compartimos elementos comunes que no cabe ignorar: entre otros, haber tenido en el pasado en las mismas épocas (desde la década de los años treinta hasta la de los setenta del pasado siglo) largas experiencias dictatoriales, haber accedido tras ellas a regímenes constitucionales también en la misma época (la Constitución portuguesa se aprueba en 1976; aquí en 1978); y, asimismo, ingresar conjuntamente (1986) en las entonces Comunidades Europeas (CCEE), lo que da lugar a una trayectoria política que presenta unos innegables rasgos comunes que no pueden, ni deben, ser olvidados.
Un nuevo mapa político en Portugal