En 1957, el informático John Backus tomó una decisión que entonces sonó casi subversiva: los ordenadores tenían que aprender a entender a las personas, no al revés. Hasta ese momento, programar una máquina exigía hablar su idioma, un lenguaje de ceros y unos que tardaba años en dominarse. Backus diseñó Fortran, el primer lenguaje de programación de alto nivel, y los profesionales de la época lo recibieron con la actitud habitual ante estas cosas: esto no es programar de verdad.
Un futuro sin programadores