No es la nada que retrata Juan Cruz Ruiz en las páginas de Crónica de la nada hecha pedazos, pero destila la misma sensación de inexistencia o vacío. Una quietud que se quiebra con los aburridos ladridos de un perro que olisquea un montículo de lava, el chirrido de las máquinas que trituran unas coladas kilómetros más abajo, el eco de un programa de radio que pregona que ya han pasado cinco años del inicio de la crisis volcánica. Media década después de que se esfumara Todoque es imposible concentrar los devastadores efectos de la última erupción registrada en el Archipiélago en un único punto, pero si hay un lugar en La Palma marcado por la desgracia ése no es otro que Todoque. ¿Qué haría si le dieran sólo 15 minutos para entrar por última en su casa antes de que la perdiera para siempre; aseguraría el tiro recogiendo documentos que acreditaran que es el propietario o el inquilino principal de la vivienda o se quedaría paralizada por el peso de los recuerdos que está a punto de perder? Es probable que las personas que han vivido una experiencia tan extrema opten por guardar silencio como es el caso de muchos residentes de Los Llanos de Aridane que 60 meses después de la catástrofe dudan: no saben si volver al lugar en el que crecieron, siempre y cuando la naturaleza lo permita y cumplen los requisitos desarrollados por el Gobierno de Canarias a través de la ley de volcanes validada recientemente, o poner tierra de por medio con respecto a un suelo hostil. Un escenario apocalíptico que a día de hoy les transmite más incertidumbres que certezas.
Todoque (La Palma), cinco años después de la erupción del volcán: el pueblo que desapareció bajo la lava pero sigue vivo en la memoria