Aún dice que el pescado es caro! es una novela de Blasco Ibáñez sobre la dura vida de los pescadores; Sorolla se agenció el título para un cuadro. Las cosas son caras cuando son escasas, y la vida, la verdad, es escasa para cada persona: aún dirán que el tiempo es barato. Ahora el petróleo se encarece, y con él la vida, o eso que llamamos en coste de la vida. Sucede que el crudo no es escaso en el planeta, pero se trata de la guerra, esa ganancia de pocos pescadores –mejor llamarlos armadores– que ocasiona pobreza para el resto. Valga llamar escasez a la dificultad de transportar el poso de seres orgánicos acumulados durante millones de años hasta transformarse en hidrocarburos. Ya saben, Ormuz, Irán, Estados Unidos; Israel en la tramoya devastando a la caza de Hezbolá. No es escaso el petróleo, pero es caro. Su efecto inflacionario sobre los transportes, la producción de cualquier bien o servicio inmediato. En este encarecimiento, suceden dos cosas, y ambas son canallescas.
Teniéndolo crudo