El Reino Unido tiene sus propios problemas internos, derivados de la pérdida de relevancia económica y, por supuesto, de las tensiones regionales, que han mostrado con claridad algunas elecciones recientes. El éxito de los nacionalistas, especialmente en feudos tradicionalmente laboristas como Gales, pero también en Irlanda del Norte y Escocia, ha hecho tambalearse la estabilidad histórica: algunos piden referéndums (los ha habido en algún caso anteriormente), y otros hablan más bien de una nueva época, de una nueva relación con Londres que deberá reescribirse a la luz de los cambios electorales. Al tiempo, el lado inglés, la vieja Inglaterra del Támesis, o como quieran llamarlo, parece que apuesta más por el tal Farage (exceptuando la multiétnica capital, desde luego), dejando a laboristas y conservadores (estos tocados por gobiernos caóticos) en una mala situación. Pero ahí está Andy.
Si el Reino Unido volviera a casa