Hay una contradicción aparente en el mensaje de la fundación que presido que merece explicarse. Por un lado, defendemos el derecho a imaginar futuros posibles, a explorar territorios que todavía no existen. Por el otro, insistimos hasta la extenuación en el pensamiento crítico, en no dejarse arrastrar por narrativas simplistas sobre la tecnología. ¿Cómo se reconcilia todo eso? La respuesta está en entender qué tipo de sueños merece la pena perseguir, y de qué tipo de adormecimiento vale la pena despertar.
Por qué la IA no sirve de nada si no despiertas