En los últimos años, muchos ámbitos del consumo han entrado en una lógica de mínimos. Plataformas que cobran por funciones antes incluidas, tarifas que recortan prestaciones básicas, servicios que convierten cualquier mejora en un extra... Pequeños recortes que, sumados, dejan una sensación reconocible: todo funciona, sí, pero cada vez se ofrece menos. A este fenómeno lo llaman “cutrificación”.
Popeyes frente a la "cutrificación": cuando el método marca la diferencia