El eterno debate de cualquier bañista se cierne sobre nosotros. La cuestión, eso sí, es bañarse, remojarse, refrescarse y zambullirse. No siempre en aguas frías, con estas temperaturas el agua de la playa de Pinedo –me dicen mis corresponsales- es casi una “basseta d’oli” y a la piscina del pueblo, doy fe de ello, de helada ya no le queda ni el chorrito.