Durante años, las personas se han clasificado en dos grandes grupos: los introvertidos y los extrovertidos. Mientras los primeros disfrutan del silencio, los grupos pequeños y la introspección, los segundos la gozan socializando, interactuando con otras personas y sin temor a ser el centro de atención. Ahora, con la llegada del término otrovertido, esta división se queda corta y pone en cuestión esta forma tan rígida de entender la personalidad.
Ni introvertidos ni extrovertidos: los 'otrovertidos' han llegado para quedarse