Andalucía sabe convivir con el calor. Lo ha hecho durante siglos. Hemos aprendido a bajar las persianas a mediodía, a buscar la sombra, a dormir con las ventanas abiertas cuando cae la noche y a convertir el verano en una forma de vida. Pero hay algo que deberíamos haber aprendido ya: no todo calor es normal, y no toda muerte provocada por las altas temperaturas puede aceptarse como una fatalidad del verano.
Muertes por altas temperaturas en Andalucía