Maribel de Andrés, hija y nieta de farmacéuticos, dirige desde hace casi treinta años -junto a su hermana pequeña- la farmacia Santa Aurelia en el popular barrio sevillano del mismo nombre que hace frontera con Los Pajaritos, una de las zonas más pobres de España. Esta farmacéutica sevillana es vocal nacional de Óptica Oftálmica y Acústica Audiométrica del Consejo General de Farmacéuticos, y nueva delegada de Pharmamundi en Andalucía donde ha canalizado la ayuda farmacéutica en emergencias tras el terremoto de Venezuela.-¿Siempre quiso ser farmacéutica?-Siempre me gustó esta profesión. Tenga en cuenta que mi padre y mi abuelo eran farmacéuticos. Cuando era pequeña, jugábamos en la rebotica de la farmacia. Nosotros entrábamos por la farmacia, hacíamos los deberes en la rebotica y después ya subíamos a casa, que se comunicaba por atrás con la farmacia. Para mí la farmacia es parte de mi casa. El verano antes de entrar en la universidad estuve en Inglaterra y le pedí a mi hermano mayor que me hiciera la prescripción en Farmacia, Derecho, Filología Inglesa y Económicas. Sin embargo, él me la hizo en Farmacia, Matemática, Química, Física y Biología, así que entré en Farmacia. Después hice la tesis doctoral y y me metí en el Instituto Nacional de Toxicología.-¿Y cómo acabó en la farmacia familiar?-Mi padre falleció cuando llevaba dos años trabajando en el Instituto y tuve que decidir el rumbo que le daba a mi vida y tomar la decisión. Fue difícil pero me vine para acá. En el intermedio, hice Óptica en Barcelona.Supongo que en un barrio tan popular como éste, la figura de la farmacéutica debe de ser importante.-Yo creo que sí. Todos los farmacéuticos tenemos los mismos medicamentos y la misma formación, todos tenemos todo. Yo creo que nos diferenciamos unas de otras en, según dónde estemos, la forma de compartir todo lo que sabemos y la experiencia de vida con los pacientes. Y eso es muy importante. Yo lo aprendí de mi madre, a la que me parezco físicamente. ¿Y qué pasó? Que cuando venía la gente todo el mundo me decía: «¡Tú eres la hija de María Antonia! Si supieras lo que tu madre me ayudó». Una clienta me contó que vino un día con su padre con la pierna súper hinchada y que mi madre la envió a Urgencias inmediatamente. Y que el médico de allí le dijo que en la farmacia le salvaron la pierna, que si llega a tardar más la hubiera perdido«. U otra clienta que me dijo que mi madre le enseñó a cortarle las uñas a su bebé. Eso es la farmacia en los barrios, estar en la necesidad de todas las personas, de todo el mundo, con independencia de su formación o su cultura o su capacidad de las cosas.-¿Cómo es la gente de este barrio?-Mi barrio es especial porque ni es pueblo ni ciudad. Tiene lo bueno del pueblo y lo bueno de la ciudad. Usted mismo me ha contado que le ha costado trabajo llegar aquí. ¿Entonces, qué ocurre? Que estás lo suficientemente aislado como para que parezca un pueblo, pero lo suficientemente cercano con el transporte como para estar formando parte de la ciudad. Entonces tiene la solidaridad de los pueblos, que se ha perdido en la ciudad muchas veces. Nos llegan personas mayores que necesitan pañales y que no pueden por el peso y entonces viene el hijo de la vecina a recoger esos pañales de su vecino. Yo creo que las farmacias que están en barrios como Nervión o Los Remedios no lo tienen.-Pues el aspecto de su farmacia no tiene nada que envidiarle a ninguna de Los Remedios.-Hicimos una reforma en el año 2007 para hacerla más amplia y cómoda y me hizo gracia que la gente comentaba que ahora tenían en su barrio una farmacia como las de los Remedios (ríe). La gente se sentía orgullosa de su farmacia y ese orgullo de su farmacia no lo tienen todas. Pero lo más importante es el personal.-¿Hay muchas personas mayores en este barrio?-Sí. Y personas que necesitan unos cuidados especiales, persona que le tienes que explicar las cosas de una manera especial. Tienen cuidadores no especializados a los que tenemos que formar desde la farmacia, sobre todo en la la parte sanitaria también para que no tengan problemas de ningún tipo.-¿Es adictivo poder ayudar así a tanta gente que lo necesita?-Un poco sí. Aquí sabemos el nombre de todo el que entra por la puerta, y ellos los nuestros. Como en un pueblo. Y no sólo el nombre.-Vamos, que no cambiaría su farmacia por ninguna de Los Remedios o Nervión, aunque ganara más dinero en cualquiera de ellas...-No. Yo no sé si ganan más dinero o menos dinero, pero yo creo que tú tienes que ser feliz en tu trabajo porque son ocho horas, o más, las que estamos aquí cada día. Tenemos que saber compartir. Mira algo, yo soy muy estricta con las cosas de calidad y todo eso. Estamos certificados en AENOR desde 1999 y lo primero que hice en 1998, cuando llegamos aquí, fue protocolizar y estandarizar la forma de trabajar. Yo creo que eso es fundamental porque nos permite tener tiempo para dedicar a hablar con la gente y ayudar más. La gestión es importante, pero cuanto más optimizada la tengamos, más tiempo tenemos para dedicarle después al paciente. En las encuestas de satisfacción de nuestros clientes, me encanta que me digan que lo mejor de la farmacia es el personal, el equipo. Para mí es la mejor evaluación que nos pueden dar, cuando te dicen eso es porque se sienten aquí como en su casa.-Hace varios años entrevisté a Paloma Porras, la directora del centro de Salud de Los Pajaritos, cerca de aquí, y me dijo lo mismo, que podría haberse ido al Virgen de África o a cualquier centro de salud de Triana. Pero que no se iba... -Lo comprendo aunque tampoco aquí es que todo el mundo te necesite al cien por cien. Pero te acostumbras a esa labor y la verdad es que las personas que te necesitan son muy agradecidas, te apoyan. Y aprendes mucho de ellas. Estas personas son especialistas en saber cómo tienen que estirar para llegar a final de mes. Y desconocen muchas ayudas y muchas cosas que existen y entonces tú les puedes ayudar más. Mi madre, que tiene 94 años, tiene de todo, su elevador, etcétera, para ponerse las medias con comodidad. Es muy importante que la persona mayor se siga sintiendo independiente. Hay que dedicarles tiempo.-¿Es tan importante la empatía para un médico o para un farmacéutico?-Sí, se están perdiendo desgraciadamente muchos valores. Siempre digo que no riñamos porque el paciente se haya tomado una cosa en lugar de otra, que empaticemos. Desde la riña la persona te bloquea y te deja de escuchar y desde la empatía hace suyo lo que tú le estás diciendo. Incluso si consigues que tú se lo insinúes y él acabe diciéndotelo, pues la idea es suya, no tuya.-¿La educación es uno de los valores que estamos perdiendo?-Sí. No sólo por pedir las cosas de mala manera sino por creernos que tenemos el derecho a todo, nada más haber entrado por la puerta de un sitio. Ayer vino un chico por un champú, nos dio la descripción, se lo dimos, y al rato volvió para pedirnos que se lo cambiáramos porque decía que no era exactamente la misma composición que el que tenía en su casa, supongo que tras consultarlo en Internet. Para empezar, eso no nos hubiera ocurrido hace 15 años. Si el farmacéutico le dice que es la misma composición, la persona confiaría en ti al cien por cien. Al final, lo confirmó en otra farmacia y volvió aquí para decirnos que teníamos razón, que era la misma composición. La confianza grande que tienen las personas mayores en nosotros se ha perdido en la gente joven, que es de otra manera. Quizá no se haya perdido sino que es más lenta y tiene más etapas. Cuando lo de este chico ocurre tres veces, supongo que a la cuarta ya confía en nosotros.-Cuénteme alguna anédocta de su farmacia durante las guardias.-Cuando abrimos la farmacia en el barrio, imaginábamos que las guardias nocturnas iban a ser una sucesión de emergencias frías, caras anónimas y recetas de urgencia. Sin embargo, no es así. Las vivencias más bonitas son las que nacen de la cercanía y la incertidumbre, por ejemplo, los nombres imposibles de los medicamentos. Es muy entrañable recibir a vecinos que vienen a medianoche pidiendo «las pastillas blancas de la cajita morada que le sientan bien a mi mujer» o bautizando fármacos con nombres inverosímiles. Los pánicos de la primera maternidad de madrugada son una de las vivencias más repetidas son esos padres primerizos que llaman al timbre aterrorizados porque su bebé tiene unas décimas de fiebre. Al ser los mismos padres que vienen a diario a pesarlo o a pedir consejo, el medicamento que sale por la ventanilla no es realmente un antipirético, sino cinco minutos de escucha, una sonrisa conocida y la seguridad de decirles: «Lo estáis haciendo bien, es normal, podéis descansar». En las guardias nocturnas también se aprende a leer entre líneas. Hay vecinos mayores que acuden con la excusa de una duda menor, pero cuya verdadera necesidad a esa hora es simplemente ver un rostro familiar, escuchar una voz conocida y sentirse acompañados por su equipo de siempre.- Decía Kapuscinski que para ser un buen periodista hay que ser buena persona. ¿Se puede aplicar también a los farmacéuticos?-Para ser bueno en cualquier cosa, lo más importante es ser buena persona. Yo lo tengo clarísimo porque las cosas se aprenden, los trabajos se aprenden, lo de ser buena persona no se aprende. Con eso se nace y te educa tu familia, no lo puedes educar a nivel profesional. -¿El farmacéutico podría asumir un rol más activo en el sistema de salud precisamente ahora que los centros de salud están tan saturados que no te pueden dar cita con tu médico de cabecera antes de quince días?-Yo creo que la administración no termina de comprender el valor real que tiene la farmacia. Lo comprendió en la pandemia porque les sacamos muchas cosas del fuego a a la administración y a la sociedad, pero después se le olvida. Tenemos una farmacia cada 250 metros y eso quiere decir que el ciudadano que más lejos tiene una farmacia es a 125 metros. ¿Qué tienes tú que sea algo de salud que esté a 125 metros de tu casa como mucho? Nada. Por lo tanto, la farmacia es el eslabón más cercano de salud que tiene cualquier persona a su domicilio. A la gente le da mucha pereza ir al médico y van muchas veces cuando nosotros los derivamos. Por eso es tan importante que todo el mundo en la farmacia tengamos los mismos protocolos a la hora de de atender determinados procesos y determinadas patologías para que todos derivemos al médico. Eso lo notamos mucho en la parte óptica de nuestra farmacia. Y los oftalmólogos nos lo agradecen mucho cuando las derivamos a ellos después de venirse a hacer una gafa y detectamos alguna patología.
Maribel, la farmacéutica de Santa Aurelia: «No cambiaría esta farmacia por ninguna de Los Remedios, una tiene que ser feliz en su trabajo»