Chirigota Los compay Autores Francisco Javier Macías Tinoco, Gonzalo Madrid Garrote y Manuel Benítez Molina 4Músicos callejeros de guajira, guaracha y boleros. Con sones cubanos que impregnan todo su repertorio entonan la presentación de una chirigota que reúne todos esos ingredientes que aderezan a los Molina de Chiclana. Mucho genio sobre el escenario, tablas, arte y compás, que podrían cantar la 'tarara' y te rascaría el pecho. No obstante, el descanso les ha refrescado ideas y a su revoltoso repertorio le unen varias dosis de humor para colarse entre los elegidos.En partes diferenciadas de su catálogo se advierten musiquillas reconocibles, como el inicio del pasodoble, que tras la primera cuarteta con aires cubanos, entra por Cádiz (esquina Chiclana). El primer pasodoble, a un hijo tímido al que prefiere antes que a un caradura sinvergüenza, queda eclipsado por el segundo donde aseguran que se ha producido ese relevo generacional en la modalidad. Tras nombrar a Bizcocho, Rober, Letrán, Molina, Peluca y Manolín, recalcan que «no hay futuro, que aquí hay presente». El quejío Molina en el trío es marca de la casa de un pasodoble con sello viñero aunque se haya parido varios kilómetros al sur.La copla pone al público pitoso y responde con carcajadas de júbilo en los cuplés. Muy original y simpático el primero, más cortitos las cupletinas aunque todas las piezas muy bien desarrolladas, con tela de ingenio. El popurrí, picantón, con mucho pelo, presenta esos golpes de chirigota que se pueden exportar, pero no se pueden importar desde el extranjero. «Es más fácil que Donald Trump compre Groenlandia que un bajo en la Viña». Final de popurrí que acerca a La Habana a la vuelta de la esquina.
Los Molina sentencian: en la chirigota no hay futuro, hay presente