Juanma Moreno no comparte que el pacto con Vox en Extremadura sitúe al ciudadano español por delante del extranjero en el acceso a los servicios públicos. Tampoco soporta que Vox intente marcar el paso con su discurso frentista. Pero a los populares no les quedaba otra que ceder allá donde no tiene apoyos suficientes, salvo que renunciara a gobernar. El PSOE no sólo no le ha facilitado la gobernanza sino que le ha echado en los brazos de Vox. Pero el caso del PP andaluz es distinto. El gobierno de Moreno ha estado presidido por la estabilidad y ahora ha de hacer campaña por su mayoría absoluta desde la moderación para pedir el voto útil frente a la extrema derecha. Si no lo consiguiera, se quedaría a las puertas y tampoco tendría que formar gobierno con Vox a la fuerza. Podría gobernar en solitario con un pacto de investidura a cambio de algunas concesiones. A lo que no renuncia es a la igualdad, de ahí que ayer rechazara en Almería los privilegios y los chantajes, se llamen como se llamen, a la vez que reivindicara una Andalucía que no acepta ser menos que nadie. La ola reaccionaria de Vox ha cogido tal altura que incluso Ayuso ha alertado de que la prioridad nacional es ilegal. Frente a los de Abascal, que imitan a Trump con devoción para agarrarse a la polarización con el lema de
Los escrúpulos morales y los tácticos