El rastro de mi biografía se perdió en el fondo de una botella y el silencio de voces que solo yo escuchaba. Me llamo como me puso el cura. Aunque hace años que nadie usa mi nombre para otra cosa que no sea rellenar un parte médico. No quiero un hogar. Las paredes son párpados que me obligan a mirar hacia adentro, al desván de cristales rotos que es mi memoria.
Limpiar la acera