Doña Isabel Casañas, meritoria maestra de Los Llanos de Telde, oriunda de la Villa de Valverde de la isla de El Hierro, no cesaba de aconsejar a sus múltiples pupilas que la amistad era como la más bella planta. Para que floreciera, había que colmarla de cuidados, entre ellos la poda y el abono estacional, así como el riego ponderado. Si algo de ello se hacía a destiempo, con premura y falta de delicadeza la abocábamos a una pérdida irremediable. Sabias palabras de una señora, que al final de su larga vida laboral, llevada a cabo entre las ciudades de Telde y Las Palmas de Gran Canaria, fue condecorada con el Lazo de Dama de la Orden de Isabel La Católica, queriendo representar con ello un alto honor por los servicios prestados a la nación. Sirva esta anécdota como preámbulo a lo que, a continuación, vamos a relatar:
Las amistades celestiales de Fernando Flores de la Iglesia