De todo lo hasta ahora difundido sobre los papeles del 23-F, no he identificado nada relevante que no haya aparecido en las mil publicaciones acerca del golpe (documentos, libros, prensa, reportajes, obras literarias) a lo largo de los últimos 45 años. Así que, como era de esperar, no hay nada nuevo que ayude a despejar las grandes incógnitas. Para colmo, en esta resurrección de un cuerpo informativo momificado, hay una especie de acartonamiento: bajo la montaña de papeles se aplanan los tiempos, impidiendo distinguir lo que cada cual hizo o dijo antes del golpe, en la primera fase del golpe, o sea, mientras éste aún tenía vida (hasta la reunión, a medianoche, de Tejero y Armada), y en la segunda fase, cuando tocaba desactivarlo y enterrarlo (tras la reunión). Así que bien está recordar ahora lo sucedido, en su versión oficial adornada con detalles de ambiente, pero eso es todo.
La nueva vida del viejo relato