Kílian Jornet tiene claro el motivo por el que se enamoró de la montaña. "Es la sensación de estar desnudo e inconsecuente, sin restricciones. Me da libertad y conexión", resume. ¿Conexión con qué? "Primero, conmigo mismo. Estamos sobreconectados... cada segundo recibimos información, y no encontramos tiempo para conectar con el cuerpo, la mente y con la gente que amamos", detalla en una extensa entrevista en el New York Times.Su historia no nace en un podio, sino en un refugio del Pirineo, cuando su madre les enseñaba a perder el miedo a la oscuridad: "Cerrábamos los frontales para volver. Al principio estábamos asustados: '¡No tenemos luz!'. Y ella decía: 'Escuchad la naturaleza con otros sentidos'". La lección se quedó: "A menudo vemos la naturaleza como algo externo: vamos, hacemos fotos y volvemos al lugar seguro. A mí me enseñaron a estar calmado allí, a sentirme cómodo".Luego llegó la otra cara: la pulsión por apretar. "He sido muy competitivo desde niño. Me encantaba sufrir", admite. "Soñaba con una subida que no terminara nunca". Tan literal que se iba al cole corriendo distancias absurdas y, en una de esas pruebas de adolescente, se pasó una semana sin comer: "Le dije a un amigo: 'Quítame toda la comida... y aunque suplique, no me des nada'. Cuatro o cinco días después, me desmayé entrenando".Su peor recuerdo en el HimalayaLa experiencia -y los golpes- le enseñaron a leer el riesgo. "Con la experiencia conoces tu cuerpo... y eso está muy conectado con la mente, ahí se pone complicado". Recuerda un episodio en el Himalaya: avalancha, costillas rotas, descenso interminable solo y sin comer. "El límite es algo al que no queremos llegar, porque probablemente después está la muerte. Es una línea muy fina". Y aun así, en el instante crítico, su respuesta no fue el pánico: "No estaba asustado. Estaba alerta. Intento estar calmado y aceptar la situación; el pánico solo te hace tomar malas decisiones". Image ID: 125711892 Kilian Jornet ya prepara su temporada de 2026 JULBO /clip/a7672e00-809c-46cb-89a3-f8ad6355e4c9_source-aspect-ratio_default_0_x600y225.jpg 1200 675También avisa de la trampa contraria: "La euforia es tan peligrosa como el miedo, porque entonces estás ciego". En la cima, cuando te sientes "superhumano", su propia voz le frena: "Respira, sé calmado y no pienses que eres fuerte. Sé razonable".Por eso le encaja definir la montaña como una meditación en movimiento: "No soy una persona religiosa, pero estar ahí es estar muy presente. Yo bromeo: no sé meditar como la gente normal; necesito subir montañas y exponerme para encontrar esa paz".Su reto más radical reciente, el States of Elevation, lo cuenta con la misma naturalidad con la que otros narran un rodaje suave: 72 cumbres de más de 4000 metros de altura en los Estados Unidos. 5.145 kilómetros recorridos y 123.045 metros ascendidos en 31 días. "La primera semana me sentía horrible... estaba al límite. Y de repente tuve la sensación de que mi cuerpo dejó de luchar y empezó a adaptarse". Al final, dice, lo extremo se volvió rutina: "Podría haber continuado otro mes".Pero el verdadero aprendizaje, hoy, baja de altura. Con tres hijos, su brújula cambia: "No tengo miedo a la sensación de morir, pero sí a que mis hijos pierdan a su padre". Y ahí está la última verdad del trail: no se trata de jugar a héroes, sino de seguir siendo lúcido. Porque en la montaña, como recuerda Jornet, lo difícil no es subir... es volver entero.
Kilian Jornet desvela la otra cara del éxito: "La euforia es tan peligrosa como el miedo"