La sensación de que hace una década vivíamos en un remanso de paz telefónica no es una percepción nostálgica, sino una realidad técnica y económica. ¿Cómo es posible que, hoy en día, con, leyes nacionales, Google y Apple de nuestro lado, y cientos de escudos anti-spam, recibamos más llamadas comerciales que nunca?La realidad es que, aunque trabajemos con cientos de filtros de inteligencia artificial y listas de exclusión, el volumen de llamadas no deseadas ha crecido de forma exponencial. Y las razones no son pocas.Por qué tener más apps de bloqueo no ha servido de nada.Para entender este fenómeno, debemos analizar cómo ha cambiado la industria del telemarketing y el ecosistema del cibercrimen desde la década pasada hasta hoy.La democratización del spamHace diez años, realizar una campaña de llamadas masivas requería una infraestructura física considerable. Las empresas necesitaban centros de llamadas con centralitas costosas y líneas RDSI o analógicas que tenían un coste por minuto real. Vamos, que solo las empresas con un presupuesto serio podían permitirse el telemarketing.Hoy, la tecnología VoIP (Voz sobre Protocolo de Internet) ha reducido el coste de emisión a prácticamente cero. Un software básico y una conexión a internet permiten realizar miles de llamadas simultáneas desde cualquier lugar del mundo. Al más puro estilo Homer Simpson. El mercado negro de datos personalesEn 2016, nuestras huellas digitales estaban más a salvo. Hoy en día dejamos tal rastro en diferentes servicios online, aplicaciones de comercio electrónico y plataformas sociales que puede provocar que nuestros datos acaben en bases de datos vendidas en la Dark Web.Estos listados no solo contienen el número, sino también el nombre, la operadora y, a veces, hábitos de consumo, lo que hace que las llamadas de spam cada vez estén más personalizadas y tengamos más probabilidad de caer en posibles estafas.El salto del marketing a la estafaAntes, la mayoría de las llamadas molestas provenían de operadoras de telefonía o comercializadoras de energía legítimas que, aunque pesadas, cumplían ciertas normas. Actualmente, el panorama se ha oscurecido con el auge de las estafas telefónicas o vishing.Los delincuentes utilizan técnicas de Caller ID Spoofing para suplantar números de teléfono legítimos, haciendo que en nuestra pantalla aparezca el número de un banco o incluso un número local cercano.Spam en el iPhone.Hace una década, esta tecnología no estaba tan accesible para el usuario común ni era tan sencilla de ejecutar de forma masiva, lo que generaba una mayor confianza en el identificador de llamadas.¿La ley sirve de algo?A pesar de leyes como la Ley General de Telecomunicaciones en España, que limita las llamadas comerciales sin consentimiento, los infractores han encontrado formas de esquivarlas. La clave está en que muchas de estas llamadas se originan en centros de datos fuera de la jurisdicción nacional, lo que hace que las multas sean imposibles de ejecutar.Además, los sistemas automatizados de marcación son capaces de detectar si una línea está activa antes de pasar la llamada a un operador humano. Esto genera un ciclo de retroalimentación: cuantas más llamadas respondemos, más «valioso» es nuestro número en las listas de spam, incrementando la frecuencia de los ataques.En definitiva, recibimos más spam porque llevarlo a cabo es más barato y nuestros datos están por todos lados. Si, a eso, le sumamos que es una actividad legalmente difícil de perseguir, sentimos decirte que el acoso telefónico está lejos de acabar.
Hace 10 años la tecnología era mucho peor y, aun así, el spam telefónico no era tan desquiciante como hoy en día