Muchos clientes se preguntan cómo logra Mercadona tener sus estanterías repletas a primera hora. Un trabajador de la compañía en Cartagena ha desvelado los secretos del intenso ritmo de trabajo que se vive antes de que el supermercado abra sus puertas. Fernando, reponedor de la cadena, explica que su jornada comienza mucho antes de las 9 de la mañana, hora de apertura al público. Él y sus compañeros entran a trabajar entre las cinco y las seis de la madrugada para asegurarse de que todo esté perfecto. El proceso para dejar la tienda a punto no es sencillo. “La tienda queda bastante mal por la gente que compra por la tarde”, admite Fernando. La tarea comienza con la reposición de productos frescos como el pescado, junto a los secos y congelados que llegan en palés. Todo sigue una estricta planificación denominada MOT (Método de Organización de Trabajo), que dicta qué debe hacer cada empleado en cada momento. La exigencia es máxima: “no hay tiempo ni de ir al aseo”, asegura. Esta presión por la eficiencia se traduce en un ambiente de trabajo intenso. “A lo mejor quizá tenemos un poco la soga al cuello y de vez en cuando tienen que aflojar un poquito”, confiesa el empleado. El objetivo es siempre la excelencia, sin margen para el error. Según Fernando, en la compañía “aquí busca la perfección, buscan el 10”. En su tienda de Cartagena, Fernando observa patrones de consumo curiosos, como la gran demanda de yogures y harina por parte de la comunidad marroquí, o la popularidad del kéfir, un producto que “ahora está de moda”. Fernando, que trabajó un tiempo en ese centro, lo describe como “el triple de locura” debido a su volumen de ventas. La carga de trabajo es tal que se sienten desbordados. “Vamos muy muy asfixiados en todos los aspectos de de trabajo, no nos da la vida para más”, lamenta, describiéndose a sí mismo y a sus compañeros como “currantes totales”.