Los precios deberían ser justos. Utilizando los tres principios inspiradores de las sociedades decentes o no tiranizadas, ese afán de justicia acerca de la capacidad adquisitiva de un “ciudadano pobre o normal” cree en la Igualdad (de oportunidades y derechos). No demasiado, en la Fraternidad entre los humanos en su entorno social y natural. Tales dos fundamentos, que fueron revolucionarios en la Francia de final del XVIII y aún no han dejado de serlo en la Tierra, chocan en muchas ocasiones con la Libertad, el tercer pilar ilustrado y en esencia democrático. Aunque se enunció originariamente como libertad individual, en asuntos de precios y mercados la autonomía personal suele ser vaporosa, y hasta cruel, si los territorios no tienen recursos, conocimiento, productividad, educación, cierta redistribución fiscal, coberturas sanitarias, vigilancia del abuso de mercado; otros rasgos de desarrollo.
Eudemonía, toda la que venga en el bote