Ver a mi país patrocinando un foro «en defensa de la democracia», además de fuera de todo lugar me parece un insulto a la inteligencia y a la propia democracia, en manos hoy de lo peor de cada casa en muchos lugares, como ocurre en España. Pedro Sánchez ha sacado en la reunión celebrada en Barcelona el pasado fin de semana otro de sus conejos radiactivos tratando de contaminar aun más el ambiente, volviendo así locos a los votantes de izquierda con su discurso de embajador del mal y corriendo una enésima cortina de humo que desvanezca sus tropelías, las de su familia y las de su Gobierno. «En defensa de la democracia», dice el líder de este «reich» socialista que se junta con todos los totalitarismos del mundo, pues el coronel Sánchez no tiene quien le escriba en el mundo real, en el mundo de las verdaderas democracias del que España está siendo alejada por estos bandidos del Gobierno de coalición progresista. Progresista, ¡ja! Aquí, como vemos todos a plena luz del día, sólo progresan ellos. Y no sólo nos aleja Sánchez para tapar sus muchas vergüenzas y satisfacer sus ansias de sátrapa imperial, pues es el propio mundo libre el que nos ha dado ya la espalda, y lo que costará reparar tamaño desaguisado. Habría que remontarse a los años 40, en plena postguerra, para encontrar una España tan débil como la actual.