Cuando la tarde empezó a caer el Casco Vello de Vigo se convirtió en testigo del paso acelerado de miles de personas. La mayoría circulaban con un cirio encendido en la mano y muchas iban descalzas, aunque no por ello aminoraban la marcha. Trataban de llegar a La Colegiata, antes de que la imagen del Cristo de la Victoria saliese de la Concatedral. Es uno de los platos fuertes de la fiesta religiosa más grande de Vigo y su comarca, la procesión que custodia más fieles y suma más devoción.
Entrega total al Cristo de la Victoria, protector de los vigueses