A pesar de que anoche trabajé como un descosido, por la cantidad de gente que vino por mi Cantina, me reí mucho con mi amigo Javi el Rabieta, apodo que le pusimos cuando era pequeño porque siempre se cogía un berrinche por la más mínima tontería. Menos mal que ha cambiado y hoy en día, no solo no se pone perretoso, sino que nos divierte con sus ocurrencias. Me dejó una pequeña guía que, al parecer, le entregaron a la entrada al Recinto, con una serie de normas a seguir, dirigida tantos a murgueros, como a seguidores y público en general. El Rabieta me dijo que era muy práctica.
El manual del murguero (1)