Cuando Hansi Flick llegó al FC Barcelona el presidente Joan Laporta le entregó una carta. Aquel regalo, en palabras del alemán, se centraba sobre todo en el papel fundacional de Cruyff y en el sello distintivo que dejó el neerlandés a la entidad, y de rebote y por extensión, al resto del fútbol. Pero es difícil seguirle el rastro porque Johan no fue Platón, sino Sócrates, y su genio no quedó estructurado y escrito por él mismo, sino en boca de otros, a modo de axiomas que en su boca sonaban categóricamente certeros y en la de los demás, a lo sumo, frases mal construidas. El cruyffismo, diez años después de su muerte, es una doctrina que nació de la inspiración de quién ve el fútbol sin fronteras y desde una cumbre. Incopiable. Seguir leyendo... .
¿El cruyffismo tiene vigencia en la pizarra? Del extremismo de Flick al jugador intercambiable de Kompany