Hay carreteras que no llevan a ninguna parte y, aun así, explican un viaje entero. En Mallorca está la de Sa Calobra, esa cinta de asfalto que baja hacia el mar retorciéndose sobre sí misma, con curvas de herradura y un punto casi teatral, el Nudo de la Corbata, donde la carretera parece arrepentirse del camino tomado y se cruza con su propia sombra. A una le hablaron de ella antes del partido, como se habla de las cosas que conviene ver cuando se llega a la isla: la catedral, el puerto, la luz de la tarde, las calas. Pero al final, para entender el cierre de temporada del Oviedo, no hizo falta conducir hasta allí. Bastó con mirar a Son Moix.
El análisis azul de la futbolista Laura Díaz: El último nudo