Todo el que haya convivido en algún momento con animales sabe que se convierten en un miembro más de la familia y un pilar fundamental en el día a día, por lo que dejar atrás a tu compañero peludo puede ser un muy mal trago. Es lo que le pasó a Jack McCrossan y a los tres amigos con los que se independizó. Los cuatro se mudaron a Bristol (Inglaterra), a una casa en la que no se permitían tener animales.
Cuatro compañeros de piso escriben una carta a su vecina tras la prohibición de su casero: "La vida adulta es una lucha sin uno"