A estas alturas, todos hemos coqueteado con la IA generativa y hemos 'compuesto' una cancioncilla para la boda o para el cumpleaños de algún amigo. Basta elegir el género musical y explicarle unas cuantas ideas del protagonista del evento. Al poco, tendremos el tema con el que echarnos unas risas en la fiesta. El problema llega cuando esos mismos métodos son empleados para producir melodías y canciones de forma masiva o industrial y subirlos a las plataformas de streaming (Spotify, Deezer...) con ánimo de lucrarse obteniendo 'royalties' que corresponderían a artistas de verdad, intentando confundir a los algoritmos de recomendación y engañando a los oyentes. Entonces, como cantaba Mercedes Sosa, 'Todo cambia'.
Cuando la música suena a algoritmo