La caída de la natalidad ha resuelto una vieja polémica sobre la escolarización, pero ha generado un extraordinario problema de viabilidad social. Hace unos años había padres en Sevilla que contrataban detectives para que investigasen si había familias engañando al sistema para que sus hijos entrasen en los colegios más demandados. Que si se habían empadronado en casa de los abuelos porque en realidad vivían en el Aljarafe, que si habían simulado un divorcio para tener más puntos, que si las rentas declaradas eran inferiores para tener prioridad en el comedor... Las tensiones a las puertas de los centros eran habituales hace apenas 15 años entre padres que habían tenido que mandar a sus hijos a un colegio lejano por culpa de las trampas de otros. Las plazas disponibles eran muchas menos que las inscripciones presentadas. Y esta situación nos llevó a otra polémica que durante años centró las diatribas políticas: la ratio de las aulas. Para poder atender la demanda, los centros subieron el número de alumnos por clase y los partidos de la oposición en aquel momento denunciaron una pérdida de calidad en la educación andaluza provocada por esta masificación. Pero todo esto lo ha arreglado la natalidad por sí sola. Este curso habrá en Sevilla 29.000 alumnos menos que en 2022, lo que equivale a 400 aulas de 20 niños. Ya no hacen falta los detectives ni tienen sentido los debates sobre la ratio. Sin embargo, las consecuencias de esta tendencia son peores que los problemas de hace una década.La natalidad afecta de manera directísima al sistema de pensiones. Si la caída del censo no se corrige con la incorporación de inmigrantes, los cotizantes del futuro no sumarán para pagar las jubilaciones. Porque la menor cifra de personas en edad de trabajar del último medio siglo coincidirá con la mayor cifra de pensionistas. Si al 'baby boom' se le une el crecimiento de la esperanza de vida, es imposible que salgan las cuentas. Una solución podría ser la mejora de la cualificación educativa para que la formación aumente la productividad de las siguientes generaciones. Pero la bajada de la ratio en las aulas no se ha aprovechado para elevar la calidad de la enseñanza, como delata el último informe PISA. Andalucía sigue presentando un horizonte desolador en todas las baremaciones. Está a la cola en matemáticas y, sobre todo, en comprensión lectora. Un niño sevillano que está en cuarto de Primaria tiene los mismos conocimientos que uno de segundo en Londres. Vamos dos cursos por detrás y estamos fuera de los estándares de competitividad de Europa. ¿Qué futuro puede esperarle a una sociedad que no forma a su siguiente mercado laboral en condiciones de igualdad con otros países del entorno y que puede llegar a tener más pensionistas que trabajadores en unos años? El problema no es que las aulas estén vaciándose, lo peor es que también lo estén haciendo las mentes.
Aulas y mentes vacías