Óscar Puente no fue quien ordenó al maquinista del AVE que reanudara la marcha normal, a unos 200 kilómetros por hora, cuando otro tren continuaba detenido a poca distancia en la misma vía, como tampoco fue el autor de la deficiente soldadura entre dos raíles que provocó, según se cree, el descarrilamiento del Iryo en Adamuz con tan catastróficos resultados. No fue el autor de ninguno de los dos accidentes ferroviarios que en lo que va de año han enlutado al país, pero sí es el ministro de Transportes.
Arrastrará a su partido