La decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de desclasificar los papeles sobre el intento de golpe de Estado de 1981, al menos los que están en poder de la Administración pública, constituye un acto de transparencia que debe eliminar cualquier sombra de duda sobre la autoría de aquel 23-F, liderado por el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero y los generales Jaime Milans del Bosch y Alfonso Armada. Justo cuando se cumplen 45 años de unos hechos que llegaron a convulsionar la incipiente recuperación de las libertades en España tras la dictadura, la divulgación de los documentos ofrece una verdad ya conocida sobre el asalto al Congreso y cuyos responsables fueron juzgados y condenados. Es difícil separar el anuncio de Sánchez de un eventual golpe de efecto en mitad de su debilidad parlamentaria y de la zozobra en su gestión. Pero la intentona golpista, frenada por el entonces Rey Juan Carlos como jefe de las Fuerzas Armadas aunque su legado esté hoy cuestionado por el escándalo, es parte esencial de la memoria democrática de este país. Una historia, proyectada al gran público por la obra 'Anatomía de un instante' de Javier Cercas, que merece la pena ser recordada.