La noche del domingo pasado quedó grabada en la memoria colectiva de España y, de manera especialmente dolorosa, en la de Andalucía. A las 19.43 horas, la normalidad de Adamuz, un pueblo tranquilo de 4.000 habitantes en la provincia de Córdoba, se quebró de forma abrupta. Se instaló el horror. La noche, hasta entonces fría y tranquila, se llenó de luces azules intermitentes, de sirenas que rasgaban el silencio y de carreras desesperadas contra el tiempo.
Accidente de trenes de Adamuz: la colisión que convirtió un domingo cualquiera en una herida colectiva